Cómo reconocer las dificultades mentales de los empleados

9 May ‘23
5 min
Gecontroleerd door Psicólogo/a Kim Schlüter
A veces notas que una persona se comporta de manera distinta a lo habitual. Está algo ausente o distante, o quizá irritable o demasiado ocupada. Es perfectamente normal, nadie está contento todo el tiempo. Pero a veces el cambio de comportamiento de una persona tiene una causa más profunda.

 

Como responsable, es importante que estés al tanto de cómo se sienten tus trabajadores. Si sabes en qué señales fijarte, puedes ofrecer a tus compañeros de trabajo el apoyo y la ayuda que necesitan en el momento adecuado.

 

 

Características de las dificultades mentales en el trabajo

 

Los estudios demuestran que el 60-70 % de las personas se enfrentan a dificultades mentales en algún momento de sus vidas, entre las que se incluye el estrés, la negatividad o la falta de autoconfianza. Por eso, no es de sorprender que haya alguien en tu equipo que esté pasando por esa situación.  

 

 

Cambios de comportamiento

 

Cómo te sientes afecta a tu comportamiento. Cuando una persona no está a gusto consigo misma, suele ser obvio por cómo actúa.

 

Nuestra psicóloga Kim explica: «Cada persona lo expresa de forma diferente. Algunas personas se vuelven más calladas y se colocan en un segundo plano, mientras que otras reaccionan bruscamente en un momento dado, o huyen de la situación». 

 

Las señales que puedes identificar en una persona con dificultades mentales son: 

 

  1. Se distrae fácilmente 
  2. Está inquieta
  3. Le cuesta controlar sus emociones
  4. Es impaciente
  5. Muestra menos interés
  6. Tiene poca energía
  7. Se irrita fácilmente 
  8. Se aísla del resto
  9. Está decaída 
  10. Se comporta de manera tensa o nerviosa

 

Sé consciente de que no siempre puedes darte cuenta de todas las cosas que le suceden a alguien. Si hace falta, siempre puedes hablar con la persona y preguntarle directamente.

 

«Hay que recordar que cualquiera puede tener un mal día o una mala semana de vez en cuando», continúa Kim. «Por ejemplo, la irritabilidad o la falta de concentración no tienen por qué ser signos de un problema más grave».

 

¿Cuál es el mejor consejo? «Pregunta directamente qué tal van las cosas en el momento en el que te des cuenta de que hay algún problema, no solo al cabo del tiempo. Lo principal es entablar un diálogo, mostrar que estás disponible para esa persona y crear un entorno seguro. Además, puedes prestar especial atención a estas señales después de un cambio trascendente en la vida de alguien». 

 

Por último, deja claro que no pasa nada por hablar con otras personas primero y acudir al responsable una vez se esté preparado. 

 

 

¿Qué puedes hacer como responsable?

 

Por mucho que quieras, no puedes resolver todas las dificultades de una persona. En realidad, ella es la única que puede hacerlo. Lo que sí puedes hacer es prestar atención a los miembros de tu equipo y crear un entorno seguro en el que todo el mundo pueda expresar abiertamente sus dificultades y sus sentimientos. 

 

 

Escucha y muestra interés

 

«Muestra un interés genuino por cómo le va a la persona. Dales espacio para compartir sus historias y escúchalos. No infravalores esas dos cualidades, a menudo escuchar y crear espacio es lo que más difícil nos resulta. Después, ofréceles ayuda o apoyo si lo necesitan», aconseja Kim.

 

 

Haz preguntas 

 

Sé consciente de que a veces las personas restan importancia a sus problemas solo porque no quieren cargar a otros con ellos. No tengas miedo de hacer más preguntas si alguien te cuenta algo y muéstrales que pueden hablar contigo. 

 

¿Cómo? Kim aconseja: «El tradicional “escucha, resume, pregunta” es una buena forma de hacerlo. Demuéstrale a la otra persona que la aprecias y la escuchas. De esa forma, la animarás a seguir confiando en ti».

 

Puedes preguntarles, por ejemplo: «¿Qué quieres decir exactamente con…?», «¿Qué te ha resultado difícil en concreto de…?». O decirles: «Si te he entendido bien…»

 

Cuando alguien acude a ti, aprecian que los escuches y muestres verdadero interés por ellos sin necesidad de ofrecer soluciones de inmediato. Solo poder compartir sus preocupaciones ya hace mucho. Tranquilízales recordándoles que vuestras conversaciones son privadas. 

 

 

Planifica reuniones regulares

 

Planifica reuniones regulares con tus empleados, por ejemplo, una vez al mes, para conversar sobre salud mental, carga laboral, estrés y otros factores que puedan afectar a la satisfacción laboral. En la reunión podéis hablar de sus aspiraciones, por ejemplo, así como de aquellos factores que impiden que se cumplan.

 

¿Has notado que pueda haber algún problema entre una reunión y otra? Habla del tema con sensibilidad: pregunta qué tal van las cosas y, si es posible, quédate cerca un rato para que el empleado tenga oportunidad de hablar contigo.

     

 

¿Qué hacer en casos más complicados?

 

Escuchar es el paso más importante para dar espacio a las dificultades mentales. Si no sabes qué pasa, pregunta y habla de lo que la persona pueda necesitar. Deja que el empleado lo exprese individualmente. 

 

A menudo escuchar es suficiente, pero a veces hace falta ir más allá y acudir al médico de la empresa o a recursos humanos. Háblalo abiertamente con el empleado. 

 

¿Hay temas más preocupantes o profundos en juego? Entonces no tengas miedo de hacer más preguntas, pero también de admitir que no eres la mejor persona para gestionarlo y ayudar a la persona a encontrar quien sí pueda serlo.

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