Qué es la eco-ansiedad y qué hacer al respecto

5 Oct ‘22
5 min
Hábitos saludables
Nicolas Maréchal
eco-anxiety
El cambio climático y la progresiva degradación del planeta puede causar ansiedad y preocupación. Se trata de un malestar contemporáneo que tiene un nombre: eco-ansiedad. En este artículo desciframos este fenómeno y su evolución, con algunos consejos para afrontarlo y convertir tu estrés en acciones positivas. 

 

Olas de calor, frío polar, deshielo, tormentas, inundaciones, contaminación, polución, pérdida de biodiversidad… Ya sea en los medios de comunicación tradicionales o en las plataformas sociales, el mensaje es el mismo: nuestro planeta no está en su mejor momento. ¿Puede toda esta información llegar a perturbar seriamente nuestra salud mental? No te preocupes, no eres el único que sufre al respecto y se hace estas preguntas. 

 

Desde hace varios años se habla de la eco-ansiedad, la unión de la ecología y la ansiedad. La Asociación Americana de Psicología (APA) la describe como “el miedo a la destrucción medioambiental”.

 

Algunos incluso lo llaman el “nuevo mal del siglo”. Desde que apareció por primera vez en Estados Unidos hace más de 30 años en un artículo del Washington Post, ha ido ganando popularidad y a día de hoy es un término presente incluso en debates políticos. 

 

El impacto para la salud mental 

 

Las generaciones más jóvenes son las que más hablan de ello, tal y como revela un estudio realizado en 2021 con 10.000 personas de entre 16 a 25 años procedentes de diez países diferentes, donde el 45% de los jóvenes encuestados consideraron que “el futuro da miedo” y que se veían afectados por la eco-ansiedad a diario.

 

“La ansiedad ecológica puede afectar a nuestra salud mental de muchas maneras”, dice Soesja Vogels, psicóloga de OpenUp. “Puede, por ejemplo, influir en la calidad de nuestro sueño, en nuestro estado de ánimo o afectar a nuestras relaciones, porque no todo el mundo comparte las mismas preocupaciones medioambientales”.

 

Y cuando uno se siente ansioso, suele ponerse en modo acción y buscar una solución, con la intención de recuperar cierto control para mejorar la situación. ”Esto es difícil de hacer en el contexto del cambio climático. Y si no puedes resolver el problema al que te enfrentas, puedes sentir aún más estrés y ansiedad e incluso una sensación de fracaso”.

 

Sin embargo, tal y como afirma Alice Desbiolles, médico especialista en salud pública, la eco-ansiedad puede afectar a cualquier persona e ir más allá de la preocupación o el miedo, al provocar todo un panel de emociones que van desde la tristeza a la ira pasando por los sentimientos de impotencia o culpabilidad.

 

¿Cómo lidiar con la eco-ansiedad?

 

¿Te preocupa el medio ambiente? ¿Te abruma una sensación de fatalismo y te cuesta calmar tu ansiedad? Prueba a aplicar estos cuatro principios:  

 

1. No subestimes tus emociones

 

¿Quieres cambiar o minimizar tus emociones? Probablemente no sea una buena idea. En este caso, se trata más bien de domar el estrés que pueden causarte, poco a poco, para hacerlas más tolerables. ¿Has oído hablar de las técnicas de mindfulness? El mindfulness te hace más resistente mentalmente y te permite controlar mejor tus emociones y aceptar tus sentimientos.  

 

2. Conectar con personas afines

 

A veces, tantas emociones y preocupaciones pueden dar lugar a malentendidos. Incluso con amigos y familiares cercanos. Así que, ¿por qué no compartir tus temores con personas que también se preocupan por la salud del planeta? ¡No te quedes solo! Romper el aislamiento, hablar de tus preocupaciones y sentirte comprendido te confortará. 

 

3. Sigue en contacto con la naturaleza

 

Hay muchos estudios que demuestran que el simple hecho de tomar aire fresco puede tener un efecto terapéutico. Ya sea un paseo por la naturaleza (sin smartphone), meditación al aire libre, jardinería… ¡Lo que tu prefieras! La clave aquí es estar conectado con lo que te importa: la naturaleza. 

 

4. Toma acción

 

La ansiedad suele estar vinculada a la incertidumbre, a la pérdida de control. Pero también puede darte el impulso que necesitas para tomar acción. Por ejemplo, puedes apoyar a una asociación ecologista, o adoptar una actitud globalmente eco-responsable consumiendo de forma diferente, etc.  Aunque tus acciones parezcan pequeñas, estás contribuyendo al cambio, lo cual minimizará el sentido de incapacidad y desesperanza que alimenta la eco-ansiedad. 

 

No te olvides de los sentimientos positivos

 

Un hecho notable (y quizás paradójico) para concluir: la eco-ansiedad también puede motivar y generar sentimientos positivos. Por ejemplo, la necesidad de actuar inmediatamente, la determinación, el orgullo de adoptar una actitud proambiental… Todas estas acciones te pueden traer alegrías, esperanza, unión y sobre todo, estarás contribuyendo a un mundo mejor. 

 

 “Convierte tu estrés en algo positivo. Sé consciente de lo que puedes controlar y trabaja en ello. Sentir que estás haciendo una contribución positiva, de la manera que sea, es motivador y energizante”, concluye Soesja.

 

Entonces, ¿qué paso (grande o pequeño) va a dar hoy? Y no lo olvides: si lo necesitas, siempre puedes recurrir al apoyo de un psicólogo para que te guíe por el camino del bienestar mental.